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  • Ángela Landete Arnal

PILAS DE LIBROS (entrevista)

¿Qué autor es tu punto de referencia?


Los escritores del Romanticismo representan aspectos de mi carácter: pasión de sentimientos, fascinación por la naturaleza, tendencia a la melancolía…Y de ese mismo período —aunque de emociones más tranquilas— es Jane Austen. La elegancia que destila desde el primer párrafo me parece admirable.


¿En qué momento decidiste escribir tu primer libro?


Fue dos semanas antes de que dictaminaran el confinamiento mundial. Había caído en una profunda depresión: no tenía nada que hacer, nada que perder. Me impulsó el hecho de leer el artículo sobre una escritora novel y por unos momentos imaginé que podría salvar mi vida a través de las letras.


En tu momento de inspiración: ¿Qué sueles hacer? ¿Dónde anotas tus ideas?


Si no tengo cuaderno, utilizo la grabadora del móvil pero he llegado a escribir en un clínex, en el dorso de la mano, incluso en una servilleta.


Responde con sinceridad: ¿Cuál es la pregunta que nunca te han hecho como autora y que te gustaría que te hicieran?


“¿Qué sientes al escribir?”

Me transporto a otro mundo, como si nuestra realidad la formaran universos paralelos. Creo en lo increíble y en lo invisible. Me resulta sanador viajar mentalmente a otro tiempo, a otro espacio… A veces hablo de lugares desconocidos incluso para mí. Mientras escribo olvido que estoy enferma, olvido aquella persona llena de vitalidad. Ahora me conformo únicamente con vivir el día a día; no me atrevo a mirar al pasado y mucho menos al futuro.


¿Cómo convencerías a los lectores de que compren tu libro?


A los románticos les diría que el romance es de cuento, de los imposibles a primera vista pero… si un abogado se enamora de una meretriz o un heredero de una sirvienta, cualquier cosa puede suceder. A los filósofos les hablaría de la creencia que me ha salvado la vida: gratitud y aceptación de nuestra realidad (incluso de lo que nos falta), un aprendizaje que ha llegado a través de mis dolencias, el que intento enseñar a Haidi y el que deseo que ella transmita al lector. A los clásicos les diría que —en un mundo cargado de erotismo y pornografía— leerme a mí es retroceder en el tiempo, la delicadeza escoltando a la pasión tórrida.




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